Sistemas de videovigilancia

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Dentro de los sistemas de seguridad destinados a proteger personas y bienes, uno de los sistemas más ampliamente aceptado y empleado a nivel mundial es el de la vigilancia remota mediante cámaras de televisión en circuito cerrado. Como su nombre indica, se trata de la visión remota de personas, objetos, procesos desde uno o varios puntos de monitorización a través de una red de cables o una red inalámbrica, cuya visión está limitada a aquellas personas que el administrador de dicho sistema defina. Esta característica lo diferencia de la televisión estándar, donde se produce una difusión de imágenes desde uno o varios puntos a través de antenas o redes de cables de manera masiva y abierta.

Los primeros sistemas de videovigilancia o también llamados CCTV por sus siglas en inglés empleaban cámaras de televisión de grandes dimensiones y cuyos costes eran prohibitivos para la mayoría de empresas y entidades que podrían utilizarlas. Con el tiempo, la tecnología de miniaturización de componentes electrónicos permitió el desarrollo de unidades mucho más pequeñas y económicas; se desarrollaron sistemas de multiplexación en el tiempo que hicieron posible grabar imágenes de varias cámaras en un solo videograbador de cintas magnéticas, transmitiendo las señales de vídeo a través de cables coaxiales y de otros tipos con los estándares de TV existentes, PAL y NTSC.

Llego un momento en el que los sistemas de CCTV empezaron a converger con los sistemas informáticos, especialmente con los ordenadores personales y la producción masiva de discos duros magnéticos. Este fue el primer hito de migración del CCTV analógico hacia el mundo digital: se reemplazaron los videograbadores de cintas magnéticas y multiplexores por videograbadores con discos duros. Para ello había que digitalizar y comprimir las imágenes, algo a lo que la industria del cine y TV ayudó en gran medida, impulsando los primeros estándares y algoritmos de compresión como los MPEG1 y MPEG2.

A partir de entonces la tecnología dio un salto importante hacia los sistemas digitales, a la par que la red de redes, Internet, se hacía omnipresente. Se crearon las primeras cámaras digitales para conectar a redes de datos TCP/IP y empezó la gran migración del mundo analógico al digital. No se pudo poner una fecha para el “apagón analógico” como sucedió con la TV, y por ello hoy en día aún se fabrican e instalan cámaras y sistemas de CCTV analógicos; uno de los motivos de su existencia es el bajo coste de producción y especialmente de instalación de estos sistemas antiguos, que mantienen su mayor cuota de mercado en el Sur de Europa, a diferencia de los países Nórdicos, donde prevalecen los sistemas digitales de videovigilancia.

Al margen de la tecnología empleada, analógica, digital o una mezcla de ambas, lo importante es el concepto de visionado remoto que subyace en esos sistemas. El poder monitorizar desde un PPS (Puesto Permanente de Seguridad) por ejemplo, todos los accesos y zonas de aparcamiento de un gran centro comercial, un hospital, una gasolinera, etc. El poder ver en un terminal móvil (teléfono, tableta, ordenador portátil) imágenes de vídeo en tiempo real de las cámaras de la instalación. Esto hace que las posibilidades de vigilancia se multipliquen, pero además, las grabaciones realizadas son la evidencia de eventos como robos, intrusiones y en general cualquier delito. Si estas imágenes están codificadas mediante marca de agua u otro tipo de clave de protección que garantice la imposibilidad de editarlas, pueden constituir pruebas forenses.

Los sistemas informáticos, plenamente integrados en los sistemas de videovigilancia hoy en día, constituyen valiosas herramientas de ayuda a los operadores de centros de control en instalaciones donde hay un gran número de cámaras de CCTV. Sería materialmente imposible para un operador observar y controlar en los monitores las imágenes en movimiento de cientos de cámaras de vigilancia. Los sistemas de detección de movimiento, el uso de dispositivos de detección de intrusión y finalmente el software de análisis de vídeo integrados en el sistema de CCTV permitirá alertar al operador de eventos de alarma y comportamientos de riesgo, así como el reconocimiento facial aplicado a las zonas a vigilar.

Se trata de una tecnología en constante evolución con un futuro muy prometedor.

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